Madrid — El pasado 13 de marzo, en un ambiente cargado de expectación y elegancia, la emblemática Serrería Belga se transformó en el escenario perfecto para celebrar 70 años de moda española.

No era un desfile más: era un encuentro entre tradición y contemporaneidad, un momento en el que el pasado se tejía con el presente.

La casa MIRTO, fiel a sus valores de artesanía, calidad y elegancia atemporal, presentó su nueva colección Crush Primavera‑Verano 2026: una propuesta que no solo se ve, sino que se siente, se vive y se recuerda. Desde el primer instante, quedó claro que la moda —esa fuerza que provoca un flechazo inevitable— era la auténtica protagonista de la noche.

 

Una paleta que enamora

Las luces bajaron y la pasarela cobró vida con tonos que capturaban la luz: coral vibrante, verde aqua, turquesa intenso, ocre natural, verde botánico y blanco. Fue como observar un prisma de color que se despliega ante los ojos. Estampados en maxi flores, paisleys y grafismos de gran formato fluían sobre volúmenes estudiados, recreando una energía que recordaba a un jardín en movimiento. Los tejidos —algodón, lino, seda y ramio— no solo envolvían cuerpos, sino que parecían bailar con cada paso.

Cada look era una declaración de estilo: faldas con vuelo, vestidos fluidos con drapeados que acariciaban el aire, bermudas y blazers casuales que combinaban comodidad con sofisticación natural.

La moda de Crush no buscaba impresionar: buscaba conectar, como lo hace un flechazo inesperado.

El toque de Salvatore Plata

Entre tanta ligereza y color, la joyería tomó su lugar con una presencia exquisita. Salvatore Plata no acudió simplemente como complemento: fue parte esencial de la narrativa visual de la pasarela. Su colección Silken Code, inspirada en la Ruta de la Seda, acompañó cada look con la misma intención con la que MIRTO concibió Crush: emoción, movimiento y expresión.

Frescura:

Piezas de la línea Organic brillaron con naturalezas vivas y colores frescos que conversaban con los tonos melocotón y naranjas de algunos outfits, aportando un aire de optimismo moderno.

Color:

La colección Petra, sensación de la temporada por su audacia escultórica, reforzó la presencia de las siluetas más estructuradas.

Delicadeza:

Los pendientes de Palmyra en nácar ofrecieron un contrapunto de delicadeza, reflejando la luz como un guiño sutil a las texturas de los tejidos. Y los diseños geométricos de Electra aportaron un sello contemporáneo que encajó con los cortes más limpios y depurados.

El resultado fue una pasarela donde moda y joyería dejaron de ser disciplinas paralelas para convertirse en una sola experiencia sensorial.

Más que una celebración, una conexión

Lo que se vivió esa noche no fue solo una presentación de colección; fue una celebración de historia, oficio y emoción. MIRTO, con sus siete décadas de legado familiar, y Salvatore Plata, con su enfoque artesanal y narrativo de la joyería, compartieron un mismo lenguaje: el del detalle que trasciende el objeto.

Quienes tuvimos el privilegio de asistir fuimos testigos de una colección que se sintió como un diálogo entre pasado y presente, entre color y forma, entre prenda y joya. Crush no solo enamoró por su estética, sino por su capacidad de conectar con quien la observaba. Y ahí, en ese instante —como el propio nombre sugiere—, surgió la magia.

Porque cuando el diseño se encuentra con la materia y la emoción se convierte en presencia, la moda deja de ser solo una pasarela. Se convierte en recuerdo.